sábado, 18 de julio de 2020

La caja azul

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El helicóptero de la policía sobrevolaba aquel barrio de las afueras de la ciudad una y otra vez. Sus hélices plateadas rompían el aire como si lo pasara a través de un pasapuré. Por lo demás, todo era silencio.
El niño  asomó la cabeza por la puerta del pequeño despacho de su madre.
—Mamá, ¿qué pasa?
—¿Por qué?
—El del helicóptero va diciendo cosas.
La mujer dejó de prestar atención a la pantalla del ordenador.
—No pasa nada. Seguramente hay alguien por ahí que está incumpliendo las normas del confinamiento.
El niño permaneció en la puerta.
—Me aburro como una ostra.
—¿Has hecho los deberes de inglés?
—Todos.
—¿Y las mates?
—No las entiendo.
—Cuando venga tu padre que te las explique. Y ahora déjame trabajar. Yo no estoy de vacaciones. Trabajo desde casa. ¿Lo entiendes?
Lo que entendió Raúl era que su madre tenía un humor de perros. Estaba trabajando con el batín puesto y con el pelo recogido con una pinza de tender las ropa. Estaba en casa pero en realidad no estaba.
Raúl volvió a su habitación. Era una estancia grande y luminosa que incluso contaba con un pequeño balcón que daba a un gran parque. Por lo general, por las tardes, el parque estaba lleno de familias con niños que gritaban como gaviotas  y  ancianos sentados en los bancos, pero ahora estaba vacío, silencioso, quieto.
Raúl era un gran buscador de tesoros. De hecho, eso es lo que quería ser cuando fuera mayor, buscador de tesoros. Le gustaba jugar en casa y husmear por todas partes. De todas formas, y aunque ya había cumplido los diez años, sus padres no le dejaban bajar solo al parque. Y era extraño, porque los padres de sus amigos sí les dejaban ir, incluso podían ir a merendar a la hamburguesería del  centro comercial. El ansiaba esas pequeñas libertades que los otros tenían, pero se tranquilizaba pensando que todo era cuestión de tiempo. En dos o tres años el problema estaría solucionado.
Entró en el trastero y abrió una caja al azar: las bolas del árbol de navidad. Abrió otra: libros antiguos y amarillentos. Estaba a punto de cerrar el trastero cuando, al fondo del mismo, vio otra de un azul discreto, cerrada con cinta aislante, como si quisiera decir: ni se te ocurra abrirme. Pero la abrió con cuidado, como si la caja pudiera estallar en cualquier momento.  Dentro había algunos archivadores. Se preguntó qué sería aquello, sobre todo al ver que los textos estaban escritos en un alfabeto que no conocía. Pasó las páginas y encontró el que supuestamente era el mismo documento escrito en inglés. Ese idioma ya lo entendía. De hecho, era el primero de la clase en la asignatura de inglés. Leyó atropelladamente palabras sueltas: Ucrania, abandonado, una fecha, orfanato, requisitos, adopción... Y al final de la página la foto de un bebé, un bebé excesivamente parecido a él; sus ojos, sus labios, su mentón decidido.
—¡Raul, baja! Ha llegado tu padre y te va a explicar las mates. 
El niño metió otra vez los papeles en su sitio; los archivadores en la caja azul, e intentó pegar de nuevo la tapa con la cinta aislante. No fue fácil, sobre todo porque le sudaban las manos como si una fuente se ocultase bajo su piel y manase a través de sus poros.
—¡Ya bajo, mamá!
No pensaba decir nada. Callaría como un muerto. El confinamiento estaba sacando a la luz demasiados secretos, algunos de ellos completamente inesperados.

26 comentarios:

  1. Muchos secretos por descubrir.
    Abrazos.

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    1. Hola Alfred.La vida está llena de secretos. Y algunos se vendrán con nosotros al más allá. Muchas gracias por leerme. Un saludo.

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  2. Que triste descubrir los secretos en soledad. Abrazos

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    1. Tener demasiado tiempo libre no es bueno a veces. Dicen que el que busca, encuentra. Mejor no buscar. Un abrazo.

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  3. Sí, no es bueno estar mucho tiempo solo. No es bueno rebuscar en el pasado. Puedes encontrar cosas que tal vez no te gusten.
    Se dice que: "Lo que no se sabe no hace daño".
    Ahora, ¿qué hará Raúl? ¿Hasta cuando podrán no darse por enterado?
    Pero, llegará un día que, el padre o la madre, le regañará y él sentirá que son injustos y entonces....: "Tú no eres..."
    Conozco algunos casos.
    Mal asunto el confinamiento.
    Un tema triste. Y lo cuentas tan bien....
    Elías.

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    1. Hola Elías. Desde luego, es peligroso buscar, saber, averiguar. Dice el Evangelio que la verdad nos hará libres, pero yo a veces pienso que es precisamente la ignorancia lo que nos hace libres o, al menos, felices. Un abrazo.

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  4. ¡Excelente relato! "se tranquilizaba pensando que todo era cuestión de tiempo"; "callaría como un muerto"... A veces el tiempo trae a la orilla "tesoros" que, una vez hallados, nunca hubiéramos buscado, o deseado encontrar. Son los riesgos de los buscadores de tesoro, como tu decidido pequeño protagonista. Sobra decirte que me ha encantado.

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    1. Hola Mónica. Muchas gracias por tu comentario. Desde luego, cualquier tesoro encontrado puede volverse en contra nuestra. Cuando buscas, sueles encontrar, pero no siempre es lo que querías. Gracias por comentar. Un saludo.

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  5. Un texto dinámico y entretenido, a pesar del confinamiento. Tal vez todo sea cuestión de tiempo, incluso descubrir secretos que no invitan a la alegría.
    Un abrazo, Amparo.

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    1. Hola Raquel. También se pueden encontrar cosas maravillosas y entrañables. Otro día hablaré de esas cosas más agradables. Gracias por comentar. Saludos.

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  6. El final es redondo; hay que ver la cantidad de cosas que está sacando este confinamiento, estamos descubriendo, a nivel social, las carencias de las que vivíamos engañados, pero lo peor de todo es que todo seguirá igual.

    Saludos

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    1. Hola Emilio Manuel. El secreto más terrible que está saliendo a flote es la gran irresponsabilidad de la gente. Qué pena volver a la casilla de salida. Esperemos descubrir secretos más esperanzadores.

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  7. Un secreto que dejó de serlo, no sé qué es mejor. Saludos

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    1. Hola Antorelo. Hay secretos que es mejor ni saber. La verdad no siempre nos libera. Gracias por comentar. Saludos.

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  8. Un relato muy interesante. El descubrimiento de un tesoro, de una vida. El silencio. Descubrir la realidad sin hacerse preguntas ¡Ya habrá tiempo para ellas!.
    Me ha encantado el relato y su desarrollo , y sobretodo ese final.
    Un saludo

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    1. Hola Jesús. A.mi me encanta tu comentario. A veces rs mejor.no.preguntarse nada e incluso no volver la vista atrás. Gracias por leerme. Saludos.

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  9. Nada está oculto para siempre, tarde o temprano todo sale a relucir.

    Un abrazo.

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    1. Hola Rafael. Más pronto o más tarde los secretos suelen salir a la luz. Y durante el confinamiento ha habido demasiado tiempo libre. Gracias por comentar. Saludos.

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  10. Estoy de acuerdo que es una historia redonda, Amparo. Esta nueva normalidad nos está volviendo ágiles mentales, aunque los temas de fondo siguen siendo los de siempre. Por desgracias más agravados si cabe. Enhorabuena, y fuersa para seguir escibiendo. Abrazos

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    1. Hola Arruillo. Esta nueva normalidad no acaba de gustarme, pero es lo que hay y es preciso aceptarlo. Seguiremos escribiendo mientras tengamos un lector. Gracias por comentar. Un abrazo.

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  11. Me encanta. Un relato cotidiano (con dialogos frescos) que se torna de misterio. No creo que vaya a esperar a que termine la cuarentena para volver a abrir la caja azul.
    Estimulante.
    Saludos

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    1. Hola Gabiliante. Me alegra verte por aquí. Un relato más de esta pandemia que nos está poniendo contra las cuerdas. Gracias por tu comentario. Saludos.

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  12. Pobre... enterarse así...

    Bueno, más vale tarde que nunca, aunque a veces mejor no enterarse de según qué...

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    1. Hola Toro. El que busca en u entra, dicen; por eso a veces es mejor no buscar. Gracias por venir a mi jardín de Jazmines abandonados.

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  13. Pobrecillo vaya forma de enfrentarse a algo tan intenso...

    Besos.

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    1. Hola Hampstead. Me alegra mucho verte por aquí. Sé bienvenida. Sí, hay secretos que mejor tarden en salir a la luz. Saludos.

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